jueves, 26 de mayo de 2011

UN HOMBRE AMENAZA LA LIBERTAD




Titular: Un hombre irrumpe en la plaza y comienza a retirar los carteles de los 'indignados'

Antetitular: Intervino un policía para evitar disturbios.

Elemento central del artículo: Ante esta provocación, tuvo que intervenir un miembro de la Policía Municipal que pidió al hombre que depusiera su actitud para evitar altercados, según ha informado la agencia de noticias Efe.

Neri, Rocco, Chirly, digan algo, que a mi me da risa...

domingo, 22 de mayo de 2011

NO ME PUEDO SUSTRAER

Perrea, perrea. Hace justo una semana que volvimos a triunfar en The Eurovisión Contest con una de esas canciones que pasará a la historia del género Eurovisivo por su fatídica llamada al anonimato. Aprovechando el post anterior, y sobre todo la magnífica imagen por mí mismo seleccionada en mi mismidad, no me puedo sustraer a traer a la memoria de nuestra igualmente magnífica audiencia ese peazo canción, inconmensurablemente simbólica, reflejo de toda una sociedad, y sobre todo un estado de ánimo, que la llevó a alcanzar las más altas cotas, y a demostrar una vez más que con pasta y amigos se puede hacer cualquier cosa.


http://www.youtube.com/watch?v=juaaUoH-3LM

sábado, 21 de mayo de 2011

CAMPAÑA Y ELECCIONES


Bueno, toca votar. Qué le vamos a hacer. Quizá no valoramos lo suficiente lo que nuestros padres (metafóricamente hablando) han tenido que hacer para hacernos llegar un sistema donde, en principio, tenemos a los gobernantes más o menos controlados. Es una pena. Pero también existe el riesgo de tener la sensación de que este no sea nuestro sistema, porque está viciado por una oligarquía. Es otra pena.

Estoy en mi casa (en la casa alquilada que relaté en otro post, sin tele todavía). Como estoy situado en puritito centro de mi pueblo tengo delante de mi lo que vendría a ser el la plaza mayor de un pueblo normal (en el mío no se llama asín). Desde hace tres días esta plaza y sus accesos están bloqueados por que el partido mayoritario ha decidido que hoy haya mitin aquín. Desde ayer varios "ingenieros" trabajan desde las 8 de la mañana sin descanso (vamos, que a las tres de la mañana se les oía seguir apuntalando el graderío). Hoy a las 8 se ha ido llenado la plaza de lo que parecían más bien primos, cuñados, hermanos, padres orgullosos y funcionarios temerosos. Todos, por supuesto, apoyando a la familia, esta gran familia del partido dominante en esta zona.

Comenzado el acto, más bien de perfil pueblo, han ido animando una señora exaltada y un señor de perfil bajo, que han ido presentando a los candidatos a la alcaldía y el edilato. Discursos y más discursos de bote, de quita y pon, porque valen tanto para un partido como para el otro: que si ellos..., y nosotros..., porque la libertad..., y los derechos sociales..., y la ingente cantidad de puestos de trabajo que vamos a crear [literal, supongo que en el ayuntamiento], y lo mal que lo hacen los otros... y lo majos que somos y lo mucho que nos queremos... y porque representamos a todas y todos... y a todes...

Y después de esto lo candidato fue presentando a los ediles de su lista, y el estómago del público agradecido aplaudía, y yo no podía evitar escuchar todo esto, porque están todos enfrente de mi ventana.Y así la escena caía una y otra vez en el surrealismo belanguiano aderezado con un escenario mezcla entre Cela y Delibes donde sólo faltaba Pepe (Isbert, qué grande).

Y finalmente pachanga de pueblo para que todo el mundo se vaya a casa contento, previa cena de bocadillos y Fanta, con orquesta incluida. Y se acerca la una de la mañana y esto no acaba.

Sigo pensando que quizá me hubiera gustado más que esto lo hubiera montado la oposición, que es más de Disco Dance y Heavy que de pachanga veraniega con orquesta incluida.

Asín es la democracia.

martes, 17 de mayo de 2011

EL SOL EN LA VENTANA



Hay una ventana por la que ahora mismo está entrando el sol de la tarde. Una silla vacía recibe el sol. No la estoy viendo pero lo se. La silla es de formica y patas de acero, tendrá cerca de cuarenta años y en los diez últimos sólo ha sido usada unos pocos días.

Ahora esa silla es para mi. Ese sol que recibe me pertenece, debería estar cayendo sobre mi. Pero no estoy allí.

Me imagino sentado en esa silla, recibiendo en la cara el calor de la tarde, oyendo las gaviotas del puerto cercano.

Pero no estoy allí. En mi lugar una mota de polvo, suspendida en el aire, quieta, brilla a la luz del sol.

Silencio. En esa casa el tiempo lleva casi cincuenta años detenido. Y así seguirá hasta que vuelva.

miércoles, 4 de mayo de 2011

LA GOTICA

Estoy trastornado. Últimamente ya no sé que hacer. La gotica vino a verme un día y se ha quedado conmigo para siempre jamás.

A ver, aviso: esta entrada va a ser necesariamente explícita y escatológica, así que al que no le apetezca, que se retire ahora o que luego no se lamente.

Voy al lío: yo era un niño feliz, que creció feliz y que vivió una agradable juventud, al menos en lo que a goticas se refiere. No me acuerdo quién me enseño a mear en esta vida, pero lo hizo bien porque desde bien pequeño hasta no hace mucho he miccionado siempre sin grandes problemas.

Estas cosas uno las hace sin prestarle atención, como el respirar o el andar, y a penas recuerdo el método empleado. Pero me quiere sonar que yo, de toda la vida, al terminar de deshacerme de mi agüita amarilla me sacudía el flácido apéndice dejando a la fuerza centrífuga la labor de deshacer la gotica en mil pequeñas e imperceptibles microgoticas de rápido secado, y enviarlas al universo todo en mil direcciones (una por cada microgotica, claro).

Creo que fue cuando me hice un hombre que cotiza a la seguridad social (que es cuando de verdad uno se hace hombre) que empezaron mis problemas. Tampoco me acuerdo muy bien de cómo fue, pero me quiere venir a la memoria que en algún momento, la capacidad de descomposición de la gotica mermó, y además el ángulo de aspersión se redujo drásticamente. De tal forma que empezaron a ser cada vez más frecuentes las ocasiones en que, para mi rubor, salía del baño ante la mirada de mis compañeros con unos buenos goterones repartidos sospechosamente por varios puntos de mis pantalones... un tipo con un sentido del ridículo y un pavor al que dirán como el mío, que solo se trae de serie si uno es de Valladolid o, acaso, de Palencia, no podía consentirlo. Y empezó entonces un guerra sin cuartel contra la gotica que dura hasta hoy y que aun no se ha resuelto.

Primero empecé a mear como las tías: sentado. Eso me permitía ejecutar la operación de aspersión con la seguridad de hacerlo dentro de los límites porcelánicos del inodoro. Aunque resultaba absolutamente eficaz, la abandoné rápido por ortopédica y absurda. Hacer pis sentado es renunciar a una de las grandes ventajas de ser hombre. Se imponía buscar otra solución.

Retirarse el prepucio durante la micción, y luego, al acabar, volverlo a su posición natural y volverlo a retirar cuantas veces sea necesario hasta asegurarse de haber hecho caer hasta la última gota de orín. Muy parecido a pajearse. Demasiado parecido. Y además ineficaz: al recuperar el miembro su posición natural dentro del gayumbo, sale no sé de dónde, una gota capaz de atravesar un mono de piloto de formula uno. Si yo fuera Fernando Alonso saldría en el podio con la gotica ahí, seguro.

Abro un paréntesis: (la gotica me ha permitido conocer de mi mismo que cargo a la derecha. Nunca antes había tenido la inquietud ni necesidad de saber hacia donde cargaba: una vez me hice un traje, me lo preguntaron y no supe qué contestar). Cierro paréntesis.

En un momento de desesperación decidí coger papel higiénico y hacerme un gurruño para colocarlo en la punta del n**o una vez acomodado éste en el lugar que le corresponde dentro del gayumbo, y retirarlo unos minutos después con la seguridad de que, si había gotica, ésta ha sido alojada en el gurruño. La medida es eficaz, pero mucho más ortopédica que la de mear sentado. ¿Teena lady pero en tío? pues eso. Además sale uno del baño marcando un paquete que no viene a cuento.

Otra opción es colocarse la camisa por dentro del pantalón asegurándose bien de que con ella creas una tercera capa de tela entre el gayumbo y el pantalón. Pero no sirve, ya lo dije antes con lo del mono del piloto de fórmula uno: la gotica busca la fama y atravesará lo que haga falta para alcanzarla (menos el gurruño de papel higiénico, claro).

Al final, lo que hago es, después de la micción, pasarme un poco de papel higiénico por el aparato como quien se suena las narices. Funciona la mayor parte de las veces, pero no es infalible. Cuanto más quieres luchar contra la gotica más se esconde ésta en el fondo de la uretra esperando el momento de relajación para salir de su escondite y asaltar la fama y mi orgullo.

martes, 22 de marzo de 2011

¿HOGAR?


Me encuentro ante mi vieja casa, la casa de mis padres.

Una plaza inmensa con cinco torreones que la delimitan.

Voy en bañador y con un plumas puesto. Entro en mi torre. Subo en el ascensor. Ahí pasa a negro, y me veo de nuevo en el ascensor, esta vez en albornoz y con zapatillas. Doy una vuelta por la plaza. La gente me evita, mira para otro lado, distraídamente. Vuelven la cara al cruzarse conmigo, como si no estuvieran, pero notan mi presencia.

Me acerco al portal de mi casa, que está flanqueado por un almacén del que se escapan graznidos y vocecitas de pájaros, justo al lado izquierdo; del lado derecho, un pequeño quiosco, sucio, pintoresco, con un cartel en el que algunas luces titilan, tiemblan y se apagan, rítmicamente.


Me fijo en la esquina superior derecha del escaparate del quiosco, y encuentro lo que busco, supongo, una ducha minúscula.

Me quito el albornoz y, con los gayumbos puestos me voy duchando, mientras miro las portadas de la prensa en el escaparate, y la gente va entrando y saliendo del quiosco por una puerta que queda a mi espalda.


Cuando casi he terminado veo un ventanuco en la esquina inferior derecha. Por ahí relucen las portadas de varias Playboy y Penthouse. Decido coger un par de ellas, y, tras quitármelos, introduzco mis gayumbos por el ventanuco, como pago por las revistas.

Me envuelvo bien en el albornoz, con mi botín bajo el brazo, y bajo del escalón, camino del portal de mi casa.

Junto a los ascensores oigo voces que suben de la escalera, la que lleva al garaje. Aprieto el botón a toda prisa, para subir solo, pero al final me sorprende un vecino subiendo, un compañero mío del colegio, pero extrañamente vestido, y envejecido monstruosamente.

Me mira, y sonríe. Yo, nervioso, me atuso el pelo, que está totalmente seco y perfectamente peinado.


Entramos en el ascensor, y se va todo a negro.


martes, 8 de marzo de 2011

NEGRO


Negro.

Me despierto y veo negro.

Negro panorama, negra perspectiva.


Negro, como tu pelo.

Negro, como la noche que admiro.

Negro, como las noches que paso contigo.


Como mi futuro, esas tardes en que

me contabas lo enamorada que te tenía

ese gilipollas.


Yo te ofrecía mi alma en copa de oro

mientras tu derramabas hiel y pez

en todos mis sentidos.


Cuanto más contabas de él, menos te convenía,

y más me alejaba yo.

Como náufrago amarrado a una tabla

completamente anegada en pinchos.


Con manos astilladas me aferrada en la ilusión,

Torpe de mí,

de que un desengaño te arrojara en mis brazos.


Mientras tú, alegremente, separabas mis dedos,

uno a uno,

de esa tabla salvadora.


Y me hundía en la negrura de tu inconsciencia,

sin aire que boquear,

supurando rencor,

ahogado en mis miserias,

impulsado por tus necedades...


Bajaba, sin remisión, al negro.