miércoles, 28 de octubre de 2009

TÉNEBRE


Se acerca Difuntos y Todos los Santos, fiestas que, por lo menos a mí, me recuerdan a crisantemos, silencio, cementerios, respeto, seriedad, consideraciones trascendentes, mirada profunda, recuerdo, familia, raíces, unión, celebración, reposo.

Ahora se ha puesto de moda Halloween, que me recuerda a calabaza naranja, vampiros, muerte, tétrico, fantasmas, Hollywood, lúgubre, mercado, fiesta, discoteca, disfraces, superficialidad, alcohol, terror, exaltación, histeria.

Me produce tristeza el cambio. Creo que es uno de los mayores síntomas de inmadurez que está viviendo esta sociedad.

martes, 27 de octubre de 2009

ALARGAMIENTO DE...







Los hay que intentan alargar su pene con métodos rudimentarios. Unos con ejercicios musculares que, según dicen, ayudan a desarrollarlo. Y otros recurren a esos aparatos realmente curiosos que se promocionan de madrugada en algunas televisiones.

Pues bien, nuestro protagonista de hoy no debía de tener tiempo para probar todos los métodos que he expuesto en el primer párrafo por lo que decidió hacer un "Mix" de todos ellos: algo casero, barato, que fortalezca los músculos y alargue el pene. Si una simple pesa o mancuerna sirve para cumplir todos esos objetivos en otros músculos como el bíceps o el tríceps, ¿serviría para el pene?

Para responder a esa sencilla pregunta decidió poner en marcha su plan. Este inteligente americano decidió coger un disco de 10 kilos. Había dos posibilidades: una, atar el disco a una cuerda y ésta al pene -tal y como uno puede hacer en el gimnasio cuando, para hacer dominadas, te atas un disco a la cintura, lo dejas caer y así levantas más peso- y la segunda era la de meter el pene por el agujero del disco. Pues bien, si las dos eran pésimas ideas, el chico se decidió por la peor, la del agujero.

El Inteligente metió el pene por ahí y ya fuera por acumulación de sangre, por sucios pensamientos o por todo a la vez, aquello empezó a crecer y quedó aprisionado por el disco.


El brioso deportista estuvo con el pene atrapado en el disco tres días incapaz de liberarse de él porque la sangre había quedado acumulada y había hinchado el todo. Tuvo que acudir a un hospital donde los médicos le liberaron gracias a una amoladora que cortó el disco.

La conclusión de esta historia: a quien Dios se la de, San Pedro se la bendiga.

Y digo yo que este muchacho, ya que se ponía, debería haber intentado alargarse también el cerebro, porque mucho, y en buen estado no tenía.

viernes, 23 de octubre de 2009

CHANDAL FURSIA



Que nadie busque sentidos ocultos a la foto (la elegí por lo simpático de la imagen) ¿Qué fue de ese chándal rosafursia eléctrico metálico que tanto distrajo nuestros ojos en los años ochenta, que tantos días de gloria aportó a las grises calles de nuestras ciudades?

A día de hoy creo que este concepto es toda una provocación estética, sobre todo si lo aderezamos con el inconfundible pelo cardado y teñido a mechas, el chicle (de pooompa fresa, claro), y, por qué no, los incombustibles tacones a falta de una nike blancas; todo preparado para montar en un descapotable pequeño e ir a comprar el pan en un badulaque tipo Apu. Volveremos a él, y si no, al tiempo, ¿o no?

jueves, 22 de octubre de 2009

LOCO MUNDO

Uno lee la prensa durante un rato libre de su trabajo (si es que lo tiene, que no todos pueden. Yo sí.) y termina por comprobar que estamos todos locos.

O que algo grave sucede.

Entre lo más llamativo de hoy, resulta que en Cuenca han puesto a disposición de la Fiscalía de Menores de esa ciudad a cinco menores, cinco churumbeles, hijitos de papá y mamá, por un supuesto intento de violación a dos chicas, también menores.

En Ceuta el Fiscal pide cuatro años de prisión para una mujer marroquí acusada de ofrecer a los viandantes los servicios sexuales de su hija de 5 años el día 31 de enero. La acusada declaró que no era cierto, que sólo estaba pidiendo dinero para el autobús.

Ayer en Valdemorillo, Madrid, llegaron, pillaron a un fulano y le metieron cuatro tiros, cuatro taponazos, que dicen en el argot policial. Y no fue con nocturnidad ni alevosía. Fue en un polígono industrial, y a las cuatro y media de la tarde, hora de mus, de carajillos o de siesta.
Pero no de vendettas.

En Zamora van y pillan a un conductor novel, que no debe sobrepasar los 80 km/hora en autovía ni autopista, a 204 km/hora. No seré yo quien diga que la norma de ir a 80 debe ser revisada, pero cómo se le ocurre a ese tarado ir a más de doscientos por hora con la inexperiencia que tiene...

Ahora resulta que el puñetero pirata este que han pillado sí es mayor de edad. Le han radiografiado los dientes (en vez de partírselos) y han descubierto que si, que es mayor de edad. Menos mal, porque ya estaban llevándolo al aeropuerto, con ropita limpia, bien aseado, y con la propina para que no pasara apuros...

No entiendo qué es lo que ocurre. En algunas ocasiones exhiben una falta de valores de proporciones descomunales. En otras, un abismo intelectual soberano.
Pero siempre tienen, de común denominador, el poco o nulo respeto a la vida de los demás, basado siempre en un absoluto y primigenio respeto por su propia vida. Y un sentido de supervivencia a toda prueba, pero una supervivencia canallesca, cuyo punto de partida es pisar o matar al otro, unas veces por "necesidad", otras, como los churumbeles, por diversión.

Yo prefiero divertirme con un libro, con una buena Hendricks o un buen Appletonne, con buena música, buena conversación con amigos...

Seré raro.

Espero que no me consideren peligroso.

miércoles, 21 de octubre de 2009

LOS CEROCOMAS


Interesante concepto el del "cerocoma". Es toooda una religión. “Lo quiero en cerocoma”, “ha bajado un cerocoma”, “es un cerocoma” etc. Es el espejo en el que se miran en nuestros días muchos pitufos con cuerpo de caniche y en ensoñación de pittbull, aprendices de brujo en el mercado de las finanzas y la economía. Técnicos con ínfulas de maestros que se sostienen gracias a un traje almidonado comprado ese templo del consumo que es “El Corte Inglés”. He aquí algunas de sus características.

- A los cerocomas siempre les acompaña una calculadora, si no física, si al menos mental, por la que filtran todos los acontecimientos.

- Para los cerocomas no existe otra realidad que la que se pueda valorar en euros, libras, dólares y yenes. Su marco de realidad ideal se denomina Excel.

- Los cerocomas pueden trabajar en equipo, pero no son en absoluto gregarios. Cuanto un cerocoma se aproxima a otro cerocoma es porque quiere entrar en competición, y cuando lo deja sólo es porque ha vencido o ha sido derrotado.

- “Fracaso” es la palabra tabú de los cerocoma.

- La primera palabra del diccionario de los cerocomas es “yo”, y la segunda “nosotros” (la empresa), y la tercera ya admite un variado elenco como “los clientes”, “los proveedores”, “los precios”, “los márgenes”, etc.

- Un cerocoma recibe bien las órdenes si beneficia a “yo”, y menos bien si sólo beneficia a “empresa”.

- Los cerocomas sólo leen libros sobre cerocomas, periódicos sobre cerocomas y televisión de cerocomas (condimentado con algo de enfalograma plano).

- Hay todo un universo de complementos físicos y psicológicos para los cerocomas, que cambia cada temporada en cerocoma.

- A un cerocoma le satisface profundamente tener cerocomas similares a su servicio, y le desagrada profundamente tener cerocomas similares por encima.

Ahora bien, sólo los cerocomas que abandonan el universo cerocoma serán algún día líderes en las organizaciones, el resto en algún momento acaba devorado por el traje que le sostiene.

martes, 20 de octubre de 2009

TALLERES Y REPARACIONES

Vas circulando tranquilamente con tu coche, petándolo con el cedé a todo trapo, cuando el coche, a la salida de un semáforo, empieza a petardear, chuf, chuf, no tira, no tiene empuje. Se jodió.
A llamar a la grúa. Y a elegir taller. Eso es peor que andar con Jasón y los Argonautas buscando el vellocino de oro.
El de la grúa suele meter baza: - yo conozco un taller...es un tío cojonudo...sabe la de dios de coches...vamos, no está con Alonso en Ferrari porque le da miedo el avión, que si no...

Y encabronado con el coche, te confías, y arreas con el pavo de la grúa al taller de su confianza.

Error.

Llegas allí y todo es precioso. Suena música celestial. Dulces maniquíes con excelentes sonrisas te tratan de maravilla. El jefe de mecanicos te explica que en poquito, en muy poquito tiempo lo tendrás mejor que nuevo.Sales de allí encantado.

Error.

El coche no está en poco, poquito tiempo. Ese poquito tiempo es lo que dura tu confianza en ellos. La pieza que necesitabas, que tenían de sobra, justo ayer, antes de ponértela a tu coche, se terminaron.Tienen que pedirla, claro. Y acaban de cambiar de proveedor a uno nuevo, Taiwanés, que tardará mes y medio en suministrarla. Mientras, irán haciendo otras cosillas.

Te pasas al mes, y contemplas, horrorizado, que no han avanzado casi nada. La pieza que venía de Taiwán, debido a problemas de comunicación (vamos, que siendo español cerrao, ni papa de otros idiomas) y a falta de traductor (su primo, el de móstoles, estaba de viaje con la novia y por eso no le echó una mano) resulta que la pieza, que además aún no ha llegado, no es la que necesitas.
Y no van a pedir la correcta por adelantado, no. Esperarán a devolver la errónea para explicarles cuál es la que necesitan.Te tiras de los pelos.
Mientras observas cómo tienes la tapicería con unas manchas de colores y formas indefinidas, que tu no recuerdas. Intentas ver cómo se han producido. Dudas, hasta que ves a un mecánico bragao y ojoperdiz comiendo un bocata churretoso, con un mono lleno de grasa, mayonesa, mojo picón, anchoas en vinagre y salmuera. Te dan ganas de vomitar y reprimes la arcada para no llenar tu coche de más mierda aún.
Reparas en tu guantera abierta, con facturas y papeles todos revueltos, los cedés rayaos, y toda la documentación descolocada. Y eso que en la guantera no había que hacer nada.
Decides marcharte.
Dejas pasar otro mes y de Taiwán ni rastro. Al final pillan la pieza en un taller de Bustarviejo, de tercera mano. Por supuesto, al mismo precio que la Taiwanesa. Sorpresivamente han desmontado el motor. Está languideciendo en el suelo del taller. Preguntas, resignado, qué ha ocurrido.
- Es la junta de la trócola. Sonaba.
- A qué sonaba.
- No sé. Sonaba. Tenía holgura.
- Ya.

Meses después tienes tu coche, o lo que queda de él. El presupuesto, claro está, se ha triplicado. La puerta no cierra, el claxon tienes que aporrearlo para que suene, y encima suena como un gato acatarrado, el aire no funciona, los intermitentes van a su bola, el embrague rasca...

Y encima sigue esa mancha del asiento del copiloto, como las caras de Bélmez, mirandote desde su indefinición, con una amenaza velada...

lunes, 19 de octubre de 2009

NO QUIERO OTRA PANTALLA


Sucedió en un Mediamarkt habitual. Estaba dando un paseo por el festival de la pantalla y el ruido que suele ser la sección "pantallas" -que no lavadoras- y de repente fui testigo de una imagen surrealista, digna de un Buñuel aspirante a un Sundance patrocinado. Niño rodeado de niños enfrente de un lector de libros electrónico (eBook, o como quiera denominarse, no sé) de estos de pantalla de tinta líquida. La edad de los 5-6 churrumbeles podría ser algo asín como de 16 a 18 años, y por tanto con poder adquisitivo o parental-coactivo. Todos ellos están alrededor del invento, viendo las prestaciones y las posibilidades. Yo, escéptico, presencio la escena (a ver, estamos hablando de un cacharro que sólo muestra hojas de libros, es decir, que no tiene mucho futuro en el grupo dado el perfil de los potenciales: sin luces, sin sonido, sin cámara, sin video, sin películas, sin internet, sin mail, sin tweeter, sin sms). Después de darle a los botones, y mirar a ver si había algo más que se les hubiera escapado comienzo a comprobar cómo mis vaticinios se iban cumpliendo escrupulosamente: abandonan el garito del invento con cara de lunes. Pero hete aquí que de repente una luz ilumina mi esperanza hacia el futuro de la humanidad. Uno de ellos dice: “No, tío, no, que no quiero otra pantalla más”.

Probablemente no se había enterado de qué iba el asunto, ni para qué servía, ni las prestaciones, ni que sólo almacenaba libros, pero afirmación fue toda una declaración de intenciones: “No quiero otra pantalla más”. Eso dijo, sí, eso, no otra cosa. Ojo al salto: es como decir: me aburren ya tantas pantallas. Eccco. Tengo demasiadas. Por lo tanto estamos hablando de un presunto aburrido tecnológico. Fascinados a los 10 años, presuntos aburridos a los 18. Esto es lo que nos espera. ¿Será el único? ¿Hay más? ¿Están organizados? ¿Es el inicio de un movimiento de incalculadas dimensiones planetarias? ¿Cuál será el siguiente paso? Ciertamente hay una luz (con nombre y apellidos desconocidos e inciertas intenciones) de esperanza para aquellos que intentamos cultivar la inteligencia propia y ajena. ¿VOLVEREMOS, POR FIN, AL PAPEL?

Dedicado Melinda y su marido.