lunes, 21 de enero de 2013

INVIERNO

El invierno es a las estaciones lo que la noche -más concretamente la madrugada- al día: El periodo inmediatamente anterior está lleno de forofos, a la gente nos encanta el otoño, con sus hojas secas, los colores amarillos, verdes y rojos a la vez; el olor a leña y los últimos rayos de sol capaces de dar calor, los días que languidecen, el regreso al hogar. Es igual que en el día la llegada de la noche: la hora del descanso, del hogar, de sentarse después de cenar a ver un película en la tele o irse a la cama a leer. El momento del día en el que ya no queda nada por hacer más que descansar ¿a quien no le gusta la noche?

Y lo mismo pasa con lo que viene después del invierno o de la madrugada: la primavera y el amanecer. El despertar, el volver a comenzar... todo un día por delante con todas sus promesas; toda un año por delante con su nacer, germinar sus cosechas, su verano, sus lluvias...y los colores de la primavera la alegría de volver a ver el sol, las flores...

Pero el invierno, como la madrugada, es el tiempo despreciado. Esta claro que en algún momento hay que descansar, y el hombre -como animal que es- ha elegido la noche como ese momento del día del que se puede prescindir. De manera que uno no se topa con él salvo de casualidad: un día que te quedas cuidando de un enfermo en un hospital -por ejemplo- y sales relevado a las seis de la mañana y descubres tu ciudad como nunca la habías visto; oyes resonar tus pasos, por silenciosos que quieras que sean, en toda una calle en la que nada mas que tu, rompe el silencio. Y eso te maravilla: poder andar toda una calle cuan larga es sin cruzarte con nadie -acaso algún gato despistado- ni ningún coche, ni ningún ruido... das la vuelta  al esquina y oyes el susurro del agua en una pequeña fuente que siempre ha estado ahí pero que jamás habías oído enterrada bajo el ruido de los coches y las gentes. Sin embargo ahora es lo único que se oye en toda la plaza. Es mágico. Recorres la ciudad, la misma ciudad que conoces tan bien, pero la sientes completamente distinta, como transformada, como si vieras los decorados de una obra de teatro, sin actores ni representación que te distraigan de apreciar cada detalle del decorado.

Pues con el invierno y el campo pasa lo mismo. Uno tiene la sensacion de estar visitando un plató de televisión o un teatro en el que todo está dispuesto para la función menos los actores. Están cerca, dormidos, pero no se los ve y uno puede ver las tripas desnudas y silenciosas de ese colorido y ruidoso espectaculo que en la ciudad es el día y en cuestión de unos pocos meses o semanas tendrá lugar en el campo y que es la primavera.

Es mágico atravesar pinares o páramos, riberas y cauces de canales o acequias desnudas, envueltas en la mortecina luz pálida del invierno, tamizada por las nieblas tan de aquí. Todo húmedo, frio, silencioso y quieto. Y recorrer los lugares que conoces tan bien, ahora mudos, dormidos. Es mágico.

3 comentarios:

Al Neri dijo...

Es usted un poeta, Chirly, me ha gustado mucho el texto. Para esos paseos invernales yo le recomiendo una buena parca de 150 euros ;-) , jejeje.

Chirly dijo...

¡Ja! seguro que de Napapiji o algo así ¿verdad?

Al Neri dijo...

Para nada, yo no soy nada pijo.