martes, 3 de febrero de 2015

De correcciones, incorregibles y mandangas entre la nieve...

Resulta que Belén, la princesa del pueblo, ha escrito una carta. Ya sabíamos de los múltiples talentos de la susodicha, amén del tamaño de los atributos varoniles que gasta, a los que ella hace referencia de cuando en cuando. Dicho sea de paso que, siendo justos, la señora ha superado una adicción de caballo (por el tamaño, no vaya a ser que...), aunque hay que decir que con la pasta que acostumbra a manejar, me desengancho yo hasta del vicio de respirar, que lo tengo bastante arraigado (qué le vamos a hacer...) 
Pero no es eso de lo que quería divagar. Vale, tampoco quería hablar del papel de Belén en la nueva saga de Star Wars. Dicen las malas lenguas que The Hutt tenía problemas de agenda (o de panoja, más bien) y que la princesa del pueblo se prestó de inmediato a reemplazar al adorable bicho moteado de liquen.














Parece que va teniendo éxito con los rodajes (envuelven los bocadillos con hojas del guión, y así le va sonando lo que debe decir...) Tal es así que Clive Barker amenaza con reclutarla para su nueva peli, a la vez que Ruggero Deodato está pensando si rodar con ella alguna secuela de Holocausto Caníbal. Clive ya empezó con las pruebas de personajes...











Mientras tanto, un pelamanillas, alguien que aún no sabemos cómo osa desafiar a tamaña beldad intelectual, ha corregido la carta que ha escrito la princesa.
O que ha intentado escribir.
La misiva, una vez descifrada con una máquina de claves tamaño sandwichera de Kiko Rivera, ha dado como resultado... Bueno, mejor que lo leáis vosotros.
O que lo intentéis.
Lo que sorprende (el cabreo también ocupa un gran lugar, junto a la decepción) es que esta señora tenga publicado un libro. Y que sea éxito de ventas.
Un servidor, que lleva unos años en pelea constante con el mundo de las letras y las publicaciones, no puede por menos que arrancarse los pelos del sobaco a tirones al constatar cómo una persona que se jacta de no saber escribir (ni leer, ni hablar, ni vestir, ni...) tenga un libro con una editorial de las grandes, y ocupe un stand en la feria del libro, y ... y todo eso. Que las vivencias de esta mujer estén en una estantería junto al Ulises, al Quijote o a Sauron, hierve la sangre. Que comparta paredes con Unamuno, Follet, P. D. James, Elmore Leonard, Denis Lehane, Stephen King, Peter Straub, y miles y miles más, pues supone una decepción. Decepción, pues supera a bastantes en número de ventas. Y lo que significa, en cuanto a los españoles como pueblo, de nuestra mente e inquietud.
Por cierto, la maquinita acojona...

Debe ser que uno se tiene que acostumbrar a estas cosas, y saber que calidad y esfuerzo, por lo general, es sinónimo de comerse un par de truños bien tostados al sol, y que has de remar hasta que te salga sangre de los oídos para que un editor suspire sincopado mientras te dedica un minuto.

Editor que, a buen seguro, te dejará con la palabra en la boca, y correrá, cual gacela asustada, a comer con algún otro vástago televisivo.

En pos de publicidad y buenas ventas.

En pos de una simbiosis de fama y vísceras que engorden sus cifras.

Y los demás, mientras, nos quedamos así...


PD.
He vuelto, aunque no sé por cuánto tiempo...

PD. 
Cabrones, el moreno es de mi reclusión en las Maldivas...


1 comentario:

Chirly dijo...

Cojonudo, ya era hora de volverle a leer por aquí ¡gran post!