jueves, 16 de diciembre de 2010

TORTILLACA

Algo se cuece en el Pasaje de Gutiérrez de Valaldolid. Un lugar único en esta ciudad devastada por la especulación inmobiliaria en los años 60 y 70, que llevó a derruir palacios renacentistas y edificios singulares en todo el casco antiguo para, en su lugar, levantar horrorosos edificios de monstruosas dimensiones. Ejemplos de esto se pueden encontrar en casi todas las calles del centro ya que lo difícil es encontrar una sola que haya llegado sana hasta nuestros días.

Pero no es de eso de lo que quiero hablar, que me pierdo. Decía que algo se cuece en el Pasaje a parte de las fotos del Teutates, y el merodeo de algunos de nuestros vecinos de blog. Hoy toca hablar de los catorce huevos y los cinco kilos de patatas que se cuecen a fuego lento en la cocina del Pigiama a eso de las once. El Pigiama, junto con la Negra Flor y la Tertulia (y el que está en frente del Pigiama que nunca me acuerdo de como se llama) son el núcleo duro de una serie de establecimientos que duran y perduran en el Pasaje, cosa que no consiguen el resto de comercios que, por alguna razón que se me escapa, les cuesta pervivir. Espero, por cierto, que esos muchachotes de las fotos que se han puesto recientemente rompan ése maleficio y disfruten de largos años de próspero negocio en el centro del pasaje.

Pero sigamos con la tortilla en cuestión, que como mínimo se levanta siete centímetros de la barra de Paco, y que sirve para ofrecer a quien las pida, unas raciones que fácilmente contengan, cada una, un par de huevos y alguna que otra patata, y que junto con el trozo de buen pan que la acompaña despiertan a cualquier muerto a esas horas de la mañana. El Pigiama, como los demás bares del Pasaje no son bares de tapas ni pinchos, por eso la tortilla es una rara avis en esas latitudes. Éstos bares son más de café o de "digestivo" (copazo, vamos) tranquilo para la sobremesa de la comida o la cena. Un lugar ideal para reunirse y tener una larga tertulia o una conversación serena con un amigo o novia, que pueda extenderse largas horas sin llegar a sentirse nunca incómodo ni por la música, ni la decoración, ni la gente que los frecuenta. ¡Anda que no hicimos horas de vuelo mi mujer y yo cuando éramos novios en todos estos bares! (menos en el que no recuerdo su nombre, que ni siquiera existía).

Bueno, pues eso, que quien lea esto y venga a Valladolid no se pierda uno de los pocos rincones de la ciudad con verdadero encanto, y si además se pasa cerca del Pasaje a esas horas de la mañana, no se le ocurra desaprovechar la oportunidad de probar una tortillaca digna de un monumento que algún día substituirá al Mercurio ése que no pinta nada allí.



De la de la foto tuvimos conocimiento carnal el Sr. Rocco y yo. ¡sos morís de envidia!

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Tenía que haber hecho caso al Sr.Lampone el otro día y tomarme un pincho de esos. Mira que conformarme con un café mientras él se ponía morado siesquesoytonta.

Anónimo dijo...

ayyyyyyyyyyyyyy... qué rica!!!

Al Neri dijo...

Ummm, qué pinta.

A ver si me paso a probarla.

A mí me gusta mucho más La Negra flor, la verdad.

Rocco Lampone dijo...

ESta tortilla es espectacular, y debo decir también que el sitio me encanta, el trato siempre es bueno y, qué diablos, siempre estoy agustico!!