viernes, 5 de noviembre de 2010

INESPERADO (y II)


- ¿Quién eres tú?- preguntó la voz, parándole el corazón y encogiéndole los pulmones.
Se giró lentamente, con el arma temblando, y disparó. Vació el cargador. Al terminar, una risa demencial le volvió loco. Miró, con miedo, y observó al ser sentado en la tumba abierta. Un personaje vestido con un traje de hace cincuenta años, con sombrero y cayado, le miraba, sonriente, sentado con los pies colgando.
- No m´has contestao. Quién eres tu, ¿ehh? ¿Pá qué has habrido mi tumba?
- No…no es posible…
- ¿Qué no es pozible, indeviduo?
- Quien eres tú, no me digas que…
- Ferreduela, si. Quién pensabas que era, ¿el sereno? Mía que eres bobalicón…Diga, diga, ¿qué pensabas hacer aquí?
- Yo.. eh…, yo…
En ese momento se dio cuenta de que estaba rodeado. Varias lápidas más estaban en el suelo, y los ocupantes de ellas, alrededor de él. Gitanos, payos, mujeres, niños, algunos harapientos, otros perfectamente vestidos. Varios desmembrados, uno con la cabeza seccionada. Todos mirándolo. Todos esperando.
Ferreduela tenía el pecho abierto, con la sangre coagulada, y marcas de disparos de perdigones por la cara y cuello. De los balazos de Raúl, ni rastro. De la lápida de Ferreduela asomó una cabecita, partida a la mitad, con trozos de cerebro colgando. Un niño, de unos diez años. Le sonrió, mostrando que faltaban varios dientes, y le preguntó: - ¿tuco o tato?-
- ¿Eh?- dijo Raúl, asombrado. Ferreduela le dio un empujón, y le dijo: - contesta a mi bisnieto, coñe-.
- ¿tuco o tato?-
- Joder, me voy a volver loco… esto es una mierda…
- ¡TUCO O TATO!- le gritó, sacando medio cuerpo de la tumba, y con la cara a escasos centímetros de él.
- ¡cojones con la mierda esta, déjame en paz!-
- Vale, entonces tuco- dijo el mocoso, y se acercó, le agarró por el cuello de la cazadora y le hundió una navaja en la mejilla, hasta el mango, bajando hasta astillarle la mandíbula y dejarle la cara hecha jirones. Raúl aulló de dolor, mientras Ferreduela reía.
Raúl intentó volverse, pero le habían cerrado el paso. El niño saltó de la tumba y le asestó varias cuchilladas, esta vez en los muslos. La sangre saltó, caliente, a mezclarse con la lluvia. Mientras el grupo reía, Raúl pudo desasirse y salir, medio corriendo, medio gateando, y acercarse a la verja. Ferreduela dio una orden, y el grupo se dividió. Varios corrieron, adelantaron a Raúl y salieron a por el coche, donde estaba Ginés. El resto dio caza al herido, lo golpearon y lo arrinconaron. Raúl chillaba y pedía clemencia, totalmente loco. El niño se acercó, corriendo. Los trozos del cerebro se le iban cayendo por el camino. Se agachó y le desgarró el cuello. Raúl gorgoteaba, intentaba gritar pero se ahogaba en su sangre. Pronto los demás se tiraron sobre él y le quitaban la ropa a mordiscos, llevándose también carne, tendones y venas. Se escuchó un crujido cuando uno de ellos, arrancando una mano, se puso a roer el hueso, machacándolo con los dientes.
Raúl se giró como pudo, para contemplar cómo Ginés yacía sobre el capó del Opel, desmembrado, siendo machacado y despedazado por la jauría, mientras exhalaba sus últimos gritos…
Antes de que pudieran sacarle los ojos, Raúl expiró, mientras Ferreduela gritaba: - desdichado, ¿cómo vienes así a mi casa, con ese propósito, la noche de los Santos, la noche de los muertos?-
Segaron la cabeza de Raúl y la arrojaron hacia atrás, hacia los pasillos del cementerio, infestados de muertos caminantes, humeantes, sedientos…

7 comentarios:

Anónimo dijo...

Aghhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh...qué horrorrrrrrrrrrrr!!!

No andaba yo desencaminada aaaaayyyyy... me gusta mucho el punto de humor que le ha puesto pero
prefiero tragarme un ciclo completo de Manolo Escobar, antes que un "corto" de zombis, qué miedorrrrrrrrrr...!!!

Rocco Lampone dijo...

bahhh, sita nagore, usted puede con esto y con menos...

Anónimo dijo...

Joer!!!!!!!

Rocco Lampone dijo...

Joamos...

Chirly dijo...

Mehó no mitarse con los gitanos, ¡paaayo! tá claro.

ignatus dijo...

Lo que no entiendo es por qué, para un día que podían salir de las tumbas, los gitanos esos se quedaron merodeando por el cementerio en vez de irse a cenar al Burger King. No sé, no me parece muy creíble la historia.

Salud.

Anónimo dijo...

¿Quién es el Autor del cuento?